Alberto Herrera mantiene el oficio de preparar mezclas de café personalizadas
Fanny Rovel, 8 de julio de 2026
Veracruz, Ver.- En uno de los pasillos del mercado Hidalgo, en el puerto de Veracruz, el sonido del molino anuncia que aquí el café todavía se prepara como antes. Entre el aroma de los granos recién molidos, un oficio tradicional resiste al paso del tiempo.
Desde hace 22 años, Alberto Herrera elabora mezclas personalizadas a partir de tres características del café: la acidez, el sabor y el amargor. Antes de triturar los granos, invita a las personas a identificar aromas y, con base en su percepción, ajusta la combinación para acercarse al gusto de cada paladar. Una experiencia que ha conquistado a turistas de distintas partes del mundo.
«Unas 50 veces, a lo mejor, he atendido a europeos. Son marineros que bajan de los barcos, viajan por todo el mundo, toman cafés por todo el mundo y me honra mucho que les guste este café de esa manera y se lo lleven en esas cantidades. Lo cual a mí también me hace pensar que al café de Veracruz le hace falta difusión a nivel internacional por alguna razón, pero que compite con cualquier café del mundo.»
El café puede adquirirse molido o en grano. Quienes eligen esta última opción presencian parte del ritual: Alberto coloca los granos en un antiguo molino rojo, los tritura al momento y prepara la mezcla elegida. Después, el café recién molido pasa a la cafetera, donde la presión extrae un concentrado intenso que da vida a distintas bebidas.
Además de conservar esta forma artesanal de preparar el café, es uno de los últimos comerciantes del Mercado que mantiene un molino para elaborar las mezclas al momento. Más que vender una bebida, dice, busca preservar una tradición que por décadas ha acompañado la vida cotidiana de las y los veracruzanos.

